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Anonimato en redes sociales: privacidad versus impunidad

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Hace un par de días Tuenti publicaba en su blog la noticia de que ya era posible que los miembros de la red social verificaran su identidad a través del DNI electrónico, una iniciativa muy en consonancia con su principal objetivo: ser una red segura donde la privacidad de los usuarios quede blindada y su seguridad, garantizada.

Esta noticia me recordó al intento que hizo Google, cuando lanzó Google +, de ser una red social más transparente, con el objetivo de presentar una ventaja competitiva frente a Facebook, lo que además beneficiaría y mucho al gigante de Silicon Valley. Fue un amago porque comenzó a banear perfiles que consideraba tenían nombres falsos, lo que provocó mucho descontento entre los usuarios. Unos meses después del lanzamiento de Google +, Google tuvo que rectificar y admitir determinados seudónimos, entre ellos los considerados nombres artísticos o seudónimos profesionales.

Con esta exigencia del nombre real, Google + quería diferenciarse en este aspecto de Facebook, donde los nicks y seudónimos están a la orden del día, una red social que cuenta con innumerables perfiles falsos dedicados a prácticas poco éticas como el spam, el intercambio de votos para concursos, el trolling e incluso la comisión de determinados delitos, y me refiero aquí fundamentalmente a aquellas personas que tratan de contactar con menores con muy malas intenciones.

Pero, al margen de que nadie quiera ser soporte para “ciberdelincuentes”, los intereses de los dos gigantes de Internet van en otra dirección: contar únicamente con datos auténticos y fiables sobre sus usuarios es uno de los mayores tesoros a los que pueden aspirar, ya que conociendo datos personales y gustos reales poseen una información valiosísima de los usuarios de cara a segmentar el target en sus plataformas publicitarias: Google AdWords y Facebook Ads.

Visto el panorama, está claro que casos como el de Tuenti son excepciones que no todas las redes sociales se pueden permitir, sobre todo porque, en muchos casos, entra en conflicto con sus propios intereses. Por ejemplo, Google + se colocó con esta exigencia en el ojo del huracán en pleno lanzamiento de la red social. De todas formas, conviene recordar en este punto, que el hecho de que un usuario se dé de alta con un nombre real no implica necesariamente que se trate de un perfil real. Algoritmos detectores y revisiones por equipos humanos podrán distinguir un mote de un nombre real, pero si yo me quiero ocultar tras el nombre de Álvaro Sanz, podré hacerlo burlando este planteamiento de Google +.

No conviene olvidar que no todo aquél que utiliza un nick o seudónimo lo hace para ocultarse y poder obrar mal. Yo misma utilizo seudónimo en muchas ocasiones, utilizo ese mote cariñoso con el que me conocen mis amigos. Porque es más mío, porque soy más yo. Existen otras muchas razones, por ejemplo en el caso de los refugiados políticos, o de personas que no quieran ser localizadas por una determinada persona en concreto porque teman por su seguridad, o porque simplemente no les apetece que les encuentre cualquiera.

Pero, ¿y qué pasa con Twitter? Esta red de microblogging es todo lo contrario. Su máxima no es privacidad, sino que su contenido sea público y accesible por cualquier internauta, incluso sin necesidad de tener una cuenta en Twitter. Además, Twitter asocia una URL al nombre de usuario, lo que no permite que dos personas se llamen igual, por lo que sería imposible que mucha gente utilizara su nombre real en esta red social. Sin embargo, para subsanar posibles actos de “suplantación de identidad”,  Twitter permite la verificación de las cuentas de personajes públicos, verificación que corre por cuenta no del usuario, sino que depende de que otros tuiteros lo confirmen.

Por tanto, el tema de la utilización de nombres reales guarda una relación muy estrecha con el tipo de red social, pero no nos olvidemos de que lo que plantea Tuenti con esta acción de la verificación de los perfiles (que por mucho control que lleve tampoco escapa al nick) no tanto obtener nombres reales, sino que detrás de cada nombre exista un número de identificación legal. Un número de DNI es único.

En este sentido es en el que camino cuando me refiero a “privacidad versus impunidad”, pues considero que una cosa no está reñida con la otra. Se puede conservar el anonimato en Internet y en redes sociales en lo que respecta al nombre real, pero es posible llevar a cabo una verificación de que esa persona es quien dice ser, fundamentalmente enfocada a evitar duplicidades o multiplicidades de perfiles por parte de un usuario, así como para disuadir de conductas ilícitas.

Existen formas de verificación a través de la aportación de domicilio y una cuenta bancaria, como ofrece Couchsurfing.org. Pero no hay que irse tan lejos, pues el propio Google envía una carta por correo postal con un código necesario para la verificación de establecimientos en Google Places. Claro, eso es un gasto… pero el que algo quiere, algo le cuesta. Prohibir y banear pude salir más caro a largo plazo, y tener una red social nutrida por auténticas hordas de perfiles falsos, también.

Imagen: Leopoldo Roldán; Flickr / eldh

Un comentario

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